Pensar en las personas como infraestructura: organizaciones sociales, cuidado y mantenimiento.

Daniela Perleche Ugás. Investigadora asociada URBES-LAB. Doctoranda en Planificación Urbana en Columbia GSAPP, arquitecta Universidad Nacional de Ingeniería.

Cuando pensamos en infraestructuras, las primeras imágenes que nos vienen a la mente suelen estar relacionadas con grandes estructuras físicas, desde grandes proyectos de transporte —como puentes o autopistas— hasta las infraestructuras invisibles que forman parte de nuestra vida cotidiana, como los sistemas de agua y alcantarillado. Si bien estos ejemplos abarcan una amplia variedad de lo que entendemos por infraestructura, nuestra comprensión no debería limitarse a lo construido o solo a aquello que podemos observar directamente. Las infraestructuras deben pensarse como procesos o como el conjunto de relaciones que permiten que algo ocurra o circule (Larkin, 2013). Por ejemplo, aunque el edificio de una escuela forma parte de la infraestructura educativa, este no funciona de manera aislada. Por el contrario, depende de la red de docentes que enseñan allí o, por ejemplo, de los materiales escolares necesarios para que los estudiantes puedan desarrollar su proceso de aprendizaje. Las infraestructuras, más que solo objetos estáticos, son todos los actores, tecnologías e instituciones que permiten que las cosas funcionen.

Las personas son una parte importante de este proceso. Pensar en las personas como infraestructura (Simone, 2004) nos permite observar cómo estas resultan esenciales en contextos donde el apoyo institucional es limitado o fragmentado, y cómo emergen como una forma de sostener la vida cotidiana frente a la precariedad. En el contexto peruano, las organizaciones de base cumplen un papel fundamental como parte de una infraestructura social, especialmente para poblaciones con acceso limitado a derechos, como las personas migrantes. Las organizaciones de base venezolanas en el Perú ilustran claramente el papel que cumplen las personas y las organizaciones. En 2021, ACNUR coordinaba una red de 21 organizaciones comunitarias y lideradas por personas refugiadas en siete regiones del país, la mayoría de ellas dirigidas por mujeres (ACNUR, 2023). Estas organizaciones, muchas de las cuales son creadas y gestionadas por las propias personas migrantes, brindan orientación y servicios profesionales, distribuyen ayuda e identifican y derivan a personas con necesidades específicas. 

Lo más interesante es observar con mayor detenimiento cómo realizan este trabajo de reparación. Su conocimiento de las comunidades les permite llegar a personas y zonas a las que otros actores tienen mayores dificultades para acceder, mientras que sus relaciones con instituciones públicas y organizaciones internacionales les permiten movilizar información y recursos (Perleche, Hartley y Jaime, 2026). En este sentido, estas organizaciones pueden entenderse como nodos que conectan a actores que, de otro modo, permanecerían separados y que, al articularlos, permiten que circulen distintas formas de cuidado.

Esta capacidad de coordinación y adaptación se vuelve aún más evidente frente a una emergencia. Tras los terremotos que afectaron a Venezuela el 24 de junio de 2026, organizaciones como OCASIVEN, la Unión Venezolana en Perú y APPV participaron en la iniciativa «Solidaridad con Venezuela», que estableció centros de acopio y una red de colaboración para organizar, clasificar y distribuir ayuda humanitaria (El Tiempo, 2026). Lo interesante de este ejemplo no es solo la respuesta inmediata, sino también el hecho de que esta se sostuvo a través de relaciones construidas a lo largo del tiempo y de la confianza establecida por estas organizaciones, que se movilizaron para atender una necesidad distinta. Una organización que normalmente brinda orientación sobre regularización migratoria puede, frente a una emergencia, convertirse en un punto de recolección de donaciones o en un nodo de coordinación con otras instituciones. Las infraestructuras, especialmente aquellas destinadas a responder a emergencias, por su carácter repentino e impredecible, deben concebirse no solo desde su dimensión material, sino también como articulaciones flexibles que se adaptan y dependen de relaciones construidas a lo largo del tiempo. Las personas que forman parte de estos entramados de infraestructura son esenciales para que esto ocurra.

Al reconocer a estas organizaciones como parte de una infraestructura social, y al entender las infraestructuras como procesos que se sostienen a lo largo del tiempo, también nos preguntamos por las condiciones que permiten que esa infraestructura exista. Las relaciones de confianza y las redes son el resultado de esfuerzos cotidianos por construirlas y mantenerlas. La literatura sobre infraestructura ha mostrado precisamente que el mantenimiento y la reparación son fundamentales para que estos sistemas continúen funcionando (Graham y Thrift, 2007). Si estas redes dependen del tiempo y del conocimiento de quienes las sostienen, ¿qué implicaría incorporar sus condiciones de vida y trabajo en nuestra comprensión del mantenimiento de la infraestructura social? Quizás el desafío no sea únicamente reconocer la capacidad de respuesta de las organizaciones de base, sino preguntarnos qué condiciones necesitamos construir para sostener, a lo largo del tiempo, a las personas que hacen posible esa capacidad de respuesta. Incorporarlas en las discusiones sobre políticas públicas no debería significar simplemente recurrir a ellas cuando las instituciones necesitan llegar a determinadas comunidades, sino también pensar en su mantenimiento y continuidad como una parte esencial de una infraestructura social.

 

Referencias:

  • ACNUR (2023). UNHCR Peru Localization Strategy. 
  • El Tiempo. (2026, 5 de septiembre). Comité de Organizaciones en Perú envió 34.93 toneladas de ayuda humanitaria a Venezuela tras el doblete sísmico.
  • Graham, S., & Thrift, N. (2007). Out of Order: Understanding Repair and Maintenance. Theory, Culture & Society, 24(3), 1–25. https://doi.org/10.1177/0263276407075954
  • Larkin, B. (2013). The Politics and Poetics of Infrastructure. Annual Review of Anthropology, 42 (Volume 42, 2013), 327–343. 
  • Simone, A. (2004). People as Infrastructure: Intersecting Fragments in Johannesburg. Public Culture, 16(3), 407–429. https://doi.org/10.1215/08992363-16-3-407